viernes, 30 de diciembre de 2011

Crónica breve del I Festival Ávila de Cuento

Jueves 29 de diciembre de 2011

En el cuarto día de cuentos, el sol decidió llamar a las nubes para disfrutar juntos de las historias contadas en el interior de San Francisco. Sol y nubes se intentaron colar por rendijas y reflejar en las ventanas para escuchar mejor lo que dentro estaba ocurriendo.

En el interior, entre las majestuosas columnas, los niños, rieron, adivinaron  casi todas las adivinanzas, cantaron, propusieron animales a voz en grito y aplaudieron al valiente papá medio pollito que jugó y saltó. Y allí, en medio de un cuento sucedió la magia: los niños se giraron para ver el castillo imaginario que la narradora dibujó con palabras tras ellos. Una vez más quedó flotando en el aire del convento el eco de la algarabía.

Y con la noche gélida se dejaron caer hombres y mujeres con muchas, muchas ganas de escuchar. Maravillosas orejas atentas a la palabra que pronto regalaron sonrisas cómplices, rostros colmados de recuerdos que afloraban a través de lo allí contado. Y se tejió esta tela de araña, invisible y poderosa, que atrapa en un pedazo del tiempo al que escucha y al que cuenta.

Fue noche de encuentros y descubrimientos. ¡Gracias por permitir que mi voz de cuentera llegara hasta vosotros!

En una noche de luminoso invierno, la puerta del auditorio susurró: colorín colorado…entre más cuentos me he cerrado.

Mañana, viernes 30, más. Cierra Héctor Urién. No os lo perdáis.


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