miércoles, 8 de junio de 2011

Desde la 178. Miércoles día 8

Encaramada a mi taburete atalaya, me detengo brevemente en este día agitado y pienso en la sesión de cuentos que tuve ayer en una biblioteca del centro de Madrid. Un centro nuevo, un espacio bonito y un montón de niños y niñas de edades muy diversas. La emoción previa, la curiosidad, las preguntan, los juegos...los cuentos empiezan a fluir y de pronto el conflicto: cuatro muchachos de unos nueve años que deciden abierta y claramente rebelarse contra el hecho de escuchar. Y la cuentera despliega todo su oficio, vuelca el corazón en cada historia y agarra las riendas de la manada que se desboca.Gajes del oficio con los que hay que trabajar. Sin embargo y a lo que nunca me acostumbraré es a la pasividad de los profesores que allí están y no resuelven la situación; tal vez equivocados, piensan que ellos no tienen que hacer nada, olvidando que son responsables del proceso educativo de sus alumnos en todo momento.
La cuentera debe velar porque las historias desenvuelvan sus alas, desplieguen su magia y seduzcan las pequeñas orejas. La cuentera tiene que sembrar palabras que germinen en la imaginación. La cuentera ha de lograr que el público entre en la historia y la habite.

Atender a que los pequeños respeten el lugar, los cuentos y a la cuentera, es responsabilidad de los adultos: padres, profesores, tío, abuelos...
¡Despierten ya, adultos! ¡¡Vuelvan a estudiar las palabras respeto y compromiso porque las tienen verdaderamente olvidadas!!

Por suerte no son todos. Esa es la esperanza que me sustenta.

2 comentarios:

  1. Esperanza que tenemos muchos pero que no sé si es justificada o no, si tiene bases o no, porque miras al mundo y si intentas decir esas dos palabras, respeto y compromiso, hasta el propio eco te las devuelve a modo de bofetada, por favor, que alguien ponga un despertador mundial porque quizás, y sólo quizás aun estemos a tiempo.

    No sé si esos cuatro muchachos algún día, ya adultos, volverán a escuchar contar una historia, y quizás los colores suban a sus mejillas al recordar lo mal que te lo hicieron pasar aquella tarde. No estaría mal como experiencia.

    Aysss qué mal repartido está el mundo, ellos tenía la tarde para disfrutarte y no lo hicieron, y que yo suspiro por escucharte de nuevo, no tengo la tarde.

    un besazo gigantesco

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  2. En la caseta de firmas está un famoso autor. Se ha hecho famoso gracias a su novela autobiográfica pero yo estoy convencida de que se trata de un "yo mentiroso". Cuenta que una vez el destino le separó de su hermano gemelo. Que luego tuvo un golpe de suerte y se hizo rico pero el dinero lo necesitaba otro y se lo prestó. Tiempo después, para recuperarlo, tuvo que ser astuto pero parece que lo consiguió: una gran aventura la de su vida...
    Debe ser muy tímido o un excéntrico porque va disfrazado de medio pollo y te pregunta si has visto a su hermano gemelo, disfrazado como él. ¿Habrá realmente un hermano como él? Ojala lo encuentre y escriba también su historia.

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